Restablecer la preferencia humanaLa primera razón de ser del comercio equitativo

El sistema neoliberal ha relegado al hombre al rango de mano de obra de una máquina virtual creada para generar un beneficio máximo, incontrolado y muy desigualmente redistribuido. El comercio equitativo propone una alternativa que vuelve a poner al ser humano en el centro del proceso comercial.

Una historia de hombres

¡Es un encuentro a 100 % humano, en el otro lado del mundo, en una plantación de café, lo que va precipitará en 1992 a Malongo en su “destino de empresa”! Un encuentro que orientará la política del Torrefactor nizardo de una manera decisiva y duradera. Cuando descubre el estado de Oaxaca, en México, Jean-Pierre Blanc, director general de Malongo, queda fascinado por la diversidad del paisaje que se presenta ante él. Se enfrentan dos naturalezas pujantes. Por una parte, una comarca plana y árida cuya extrañeza excede todos los fantasmas de desiertos mexicanos de western… y del otro una vegetación lujuriante y contrastada que sigue los contornos de los imponentes relieves montañosos.

 

 

Es una pujante humanidad la que le salta a los ojos. Queda impactado por la densidad, por el espesor y por la dignidad de los personales de esta populación atípica. Una mezcla de etnias que usan múltiples lenguas, del zapoteca (un dialecto con 6000 años) a los chontales, pasando por el mixteco y… el español que, no obstante, aún es ignorado por los más viejos. Desde hace décadas, estos campesinos recorren cada día duros kilómetros a pie, afrontan el clima, los relieves escarpados de una montaña con frecuencia húmeda, lodosa para ir a recolectar su café a mano. Granos que más tarde revenden a los que ellos llaman “coyotes”, intermediarios poco escrupulosos, despectivos, mandatados por comerciantes para comprar el café a los precios más indecentes. Una situación de precariedad extrema que impide el acceso a la salud o a la educación y que frecuentemente los empuja a soluciones extremas: éxodo rural, desarrollo de cultivos ilícitos (coca)…

 

La revolución económica

Felizmente, la llegada providencial de un padre-obrero holandés, unos diez años antes, ha cambiado su destino. El “Padre” Francisco Van der Hoffa tuvo que huir de México, donde su fuerte activismo político había puesto en peligro sus días. Doctor en economía política y en teología, escogió convertirse en productor de café y compartir la vida de la comunidad. Allísiente bramar las premisas de una violenta revuelta. Gracias a sus conocimientos, a su determinación, convence a la población que es más inteligente comprometerse en una verdadera revolución económica. ¿La idea? En primer lugar, agruparse en cooperativa (bautizada UCIRI, Unión de Comunidades Indias de la Región del Istmo). A continuación, con el fin de brincar los intermediarios, tratar directamente con las sociedades occidentales que aceptaran pagar más caro un café que revenderían en los circuitos clásicos de distribución, con la complicidad de los consumidores. Por último, crear un label que certificara este trabajo: Max Havelaar. A pesar de la cólera, de las amenazas y con frecuencia de represalias en ocasiones violentas de los coyotes, la voluntad de la población no cedió. Por el contrario, hay que continuar en esta vía, encontrar nuevos socios y ganar sin cesar nuevos mercados. Cuando Jean-Pierre Blanc encontró a Francisco Van der Hoff, el entendimiento fue inmediato. ¿Francia aún no forma parte de esta aventura? Ahora será el caso.

 

¡Y funciona!

El comercio equitativo ha cambiado la vida de los pequeños productores del istmo, tanto desde el punto de vista material como humano. Ha permitido desarrollar estructuras dedicadas a la salud y a la formación (por ejemplo, a la agricultura biológica), a crear un banco dedicado a la comunidad que propone intereses razonables (2 % contre 20 % “en la ciudad”) y planes de reembolso adaptados. Permite financiar proyectos de diversificación con el fin de reforzarse aún más. La pobreza ha retrocedido, están de vuelta la autonomía y la dignidad. Los campesinos han vuelto a ser hombres dueños de destino, orgullosos de producir un café del que conocen la calidad.

Hoy en día, Malongo es un actor importante del comercio equitativo, una sociedad que, con sus 20 años de experiencia, conoce las más mínimas sutilezas y continúa trabajando para su desarrollo donde quiera que se produzca el café. De un país a otro, los enfoques son diferentes ya que los hombres son diferentes. De la alegría encontrada en México hasta la tranquilidad laosiana, pasando por el carácter silencioso de los guatemaltecos o la singularidad insular de los habitantes de Sao Tomé… estructurar nuevos proyectos equitativos, es partir sin cesar al encuentro del ser humano.

 

En nombre de la Tierra Madre

Normas drásticas en materia de ecología /Si el comercio equitativo impone estrictas reglas medioambientales, hay que recordar que es en primer lugar un instituto ancestral, cultural y místico el que empuja a los campesinos del sur a cuidar la naturaleza. Dar pruebas de responsabilidad respecto a la tierra, al agua, al bosque no es someterse a un nuevo capricho venido del Norte. Por el contrario, es algo antiguo, de identidad y de profundidad. Un código elemental de conducta que nunca se ha perdido.

La tierra es la herencia campesina

Imaginarse que imponemos a los pequeños productores normas restrictivas pensar que ponemos bridas a su futuro económico a golpes de directivas ecológicas es demostrar un gran desconocimiento de sus cultivos, por variados que sean. Yendo al encuentro de los cafeicultores de cada continente, Malongo ha podido descubrir hasta qué punto a los pequeños campesinos del mundo siempre ha repugnado utilizar abonos químicos de importación. No les agrada nutrir su tierra con elementos de dudoso origen. La tierra es nutricia, entonces se venera a la Tierra Madre, a la Pacha Mama. Hay que cuidarla. Es un don de Dios o de la naturaleza, de la Providencia. Es también el legado de los ancestros, el tesoro tribal que ha engendrado su estirpe, los ha hecho vivir y transpirar. Es la expresión primera del cemento comunitario. Sobre ella descansa la supervivencia de las familias y la esperanza de una larga descendencia.